Hace pocos días tuve el privilegio de cumplir "mis primeros cuarenta años" ¡un gran acontecimiento! no porque lo hubiera celebrado con bombos y platillos, sino porque desde mi infancia siempre vi esa fecha tan lejana y representaba tantas cosas... ansiedad, decadencia, orgullo. Esto por los paradigmas que en nuestra sociedad se han hilado al rededor de una mujer de 40; Uno de esos es que a esa edad ya tendría que estar completamente "realizada".
Y es que el concepto de una mujer realizada otrora era una mujer casada, con varios hijos y algunas, solo algunas con un título profesional. El título que todas ostentaban de manera airosa era el de SEÑORA, la señora de fulano o sutano, toda aquella que aún no se hubiera casado era rotulada con el apelativo de SOLTERONA, es decir estaba quedada, el tren la dejó y etc.
Pero también en tiempos de mi adorada infancia, las mujeres eramos tenidas en alta estima, eramos las primeras rescatadas en los desastres y catástrofes, eramos las formadoras en el hogar, dignas de imitar y por supuesto cogestoras del éxito de nuestros hombres.
Otro paradigma era el de estar vieja a los 40, ¡claro! por eso lo de estar realizada, a los cuarenta ya tu vida estaba de capa caída, no te quedaba mayor aspiración o resignación que la de esperar que los hijos se vayan de casa, esperar al esposo que regresara cada día del trabajo, engordar y quizás aprender algún arte manual, como para entretenerse. En conclusión un paisaje un tanto sombrío.
Hoy que he tenido la fortuna de cumplir mis primeros cuarenta años, encuentro que algunos de esos paradigmas han cambiado, por lo menos a las mujeres que aún no estamos casadas nos llaman SOLTERAS (aunque aún quedan algunos vestigios del anterior paradigma) intento recordar en qué momento empecé a ver otro tipo de mujeres, las mujeres que a toda costa luchan por ser "lideresas", aquellas para las cuales ser la señora de tal, no reviste ninguna importancia, mucho menos ser formadoras de valores en una familia, ser dignas de respeto y con apariencia de "necesitar ayuda", definitivamente ni sombra de lo visto en mi infancia.
Celebro en gran manera, que hoy luchemos por ser profesionales, por tener liderazgo y todos los triunfos que una mujer puede alcanzar, dadas las condiciones actuales de nuestras sociedades. Pero también anhelo ver a aquellas mujeres abnegadas por sostener un hogar, por regalarle a la sociedad hijos de bien, aquellas que dan a entender con sus actos y palabras que son dignas de respeto, sobre todo. que RESPETAN SUS CUERPOS y no le siguen el juego al marketing.
Hoy con mis primeros cuarenta encima, puedo decir que anhelo que lleguen los otros cuarenta y tantos más, que me siento en la plenitud de mi vida, siento que aún me faltan muchas cosas por hacer, gustosa seré la SEÑORA de un fulano de tal, gracias a Dios, tengo una hija, soy profesional con posgrado incluido, pero que mi gran anhelo es ser una mujer que pueda mostrar a Dios en sus palabras y actos y que pueda merecer el respeto de quienes conmigo se relacionen.