Sigo
aquí esperándote, extrañándote, amándote aún sin conocerte,
Solo con la fe
entera que en nuestros espíritus Dios ha sembrado la hermosa semilla de un
inquebrantable amor.
Amor,
amor que en mis entrañas inquieta hasta mi alma,
Amor que está represado a
punto de ser desbordado,
Solo faltas tu, todo está dispuesto para conjugar este
verbo en un infinitivo perfecto,
Aquello que el Gran Sabio ha estipulado: para siempre, por siempre y eternamente.
Aquel
amor que ni las aguas podrán apagar, ni las penas podrán lastimar…Amor, Amor.
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